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Ametsen lurraldeaJune 27 El momentoEsta tarde por un momento he sido feliz. Después del esfuerzo de la subida llegaba la recompensa de la bajada. Parece ser que para poder disfrutar hay que sufrir, aunque sea un sufrimiento buscado que hace más agradable la recompensa. Iba agarrando el manillar firmemente pero sin tocar los frenos, dejando a un lado los miedos y las excesivas precauciones y dejándome llevar sin ver muy bien el camino debido a la velocidad y a las sombras producidas por la vegetación. Pasando por los charcos llenos de barro producido por las constantes lluvias, por los desniveles en el camino que hacían que me pusiera de pie en la bicicleta. Ha sido precisamente el conjunto de vegetación, velocidad, ausencia de gente que me obligara a frenar, temperatura perfecta y That’s Life cantada por Frank Sinatra lo que ha hecho que ese momento fuera mágico. Esta tarde por un momento he sido feliz y eso es lo que cuenta. April 12 La sala perdida del museoAquí estoy, como todos los fines de semana, trabajando en el museo y como todos los días, más sola que la una. El museo es uno de los más importantes de la ciudad, por lo menos de los más populares, la entrada gratuita ayuda mucho, y siempre está lleno de gente. Cientos de personas lo visitan cada día, eso es lo que dicen y lo tengo que creer porque por mi sala no pasa nadie. Hace unas semanas ví asomar la cabeza a un señor oriental que se acercó a mí sigilosamente y en voz baja me preguntó por el baño. Yo pensaba que ya que había llegado hasta allí se quedaría un momento admirando las piezas encontradas en una excavación cerca de la ciudad, pero no, la naturaleza es la naturaleza y se marchó a paso ligero.
Mis compañeros de las salas más visitadas me miran por encima del hombro en el vestuario, aunque para disimularlo me dicen que soy afortunada por poder estar tan tranquila y no persiguiendo a niños que se sientan sobre las efigies egipcias. Yo les sonrío, asiento con la cabeza e intento salir hacia mi sala lo más rápido posible. Ayer pasaba por el mostrador de información cuando me enseñaron los nuevos planos del museo. Después de echarle un vistazo les dije que mi sala no estaba en el plano. Ellos me dijeron que eso no era posible y entonces juntamos todas las cabezas sobre el papel en busca de la sala perdida, incluso una cogió una lupa que lleva siempre en el bolso para no perder detalle. Después de unos minutos recorriéndolo con nuestros índices, llegamos a la conclusión de que mi sala era la 50a, con un tamaño más pequeño del que le correspondía según la escala utilizada, incluso el símbolo de los extintores era más grande.
Eso me dejó un poco triste así que decidí estudiar por mi cuenta lo que tenía en mi sala, he cogido unos libros de la biblioteca y me estoy informando de lo que realmente es lo que cuido. Lo bueno de estar en esta sala es que a mí también me dejan bastante de lado y puedo leer tranquilamente. Ya os contaré la próxima vez lo que he descubierto para que vengaís a verme, bueno, a mí no, a la sala. March 01 Siete minutosEs la última vez que le hago caso a mi amiga Celia y vengo a una cosa de estas, me dijo que sería divertido pero yo no le veo la gracia por ningún lado. Ya he estado con cuatro hombres cada cual más raro; está el que solo habla de él y no te deja meter baza, en sus dos variantes, el que solo cuenta desgracias y el que presume de cosas tan tontas como de tener un coche de gran cilindrada, seguramente pensaría que el solo hecho de oírlo haría que cayera rendida a sus pies y para desgracias ya tengo las mías, no necesito más, gracias. Aunque no sé si ha sido peor cuando me ha tocado el que no dice nada y te mira fijamente con cara de loco, vas hablando de trivialidades mientras piensas que si lo ves por la calle saldrás corriendo y no quieres ni imaginarte en lo que estará pensando él.
En teoría son siete minutos para cada uno antes de que toque una sirena y cambiemos de pareja pero creo que algunos minutos tienen más de sesenta segundos, a mí no me engañan. Mi amiga Celia parece encantada y cada vez que le he hecho señas para decirle que me iba me ha dicho que me quedara, que no fuera tan sosa. Parece que se acerca otro, esta vez por lo menos es físicamente agradable y tiene una bonita sonrisa.
-Hola -Hola -¿Quieres tomar algo? Mira, el primero que se preocupa por mí, es un buen primer paso. -Sí, un Kas de naranja sin hielo, por favor. Y se va él mismo a la barra a pedirlo mientras en la silla de enfrente se sienta un nuevo tipo, le digo que ya está ocupada, que estoy con otro señalando al chico tan amable que ha ido a por mi bebida. Él me mira con cara rara y me dice que es el camarero. Me giro para comprobarlo y efectivamente lo veo al otro lado de la barra trabajando. Por unos segundos no sé muy bien que hacer pero al mirar a la cara de enfrente decido que el experimento ha acabado para mí y que voy a hacer las cosas a la manera tradicional. January 19 Para la mujer de hoyMarta trabaja como redactora para una revista mensual de tirada nacional, la revista es mundialmente conocida y tiene su “revista madre” en USA por lo que normalmente ella se encarga de traducir los artículos que vienen de otras sucursales y adaptarlos al país. Cualquiera podría decir que el trabajo de Marta no es muy creativo, al fin y al cabo ella no estudió periodismo para acabar copiando los artículos que escriben otros, pero no es del todo cierto, el talento de Marta sale a flote cada vez que tiene que inventarse algo. En teoría es un trabajo de investigación del tipo “¿Son mejores amantes los deportistas o los sedentarios?” con comentarios de varios hombres de las dos secciones. Afortunadamente no hay que poner fotos así que solo tiene que elegir un nombre, una profesión y una edad, normalmente que no supere los 50 años. Su especialidad son los cuestionarios y esta mañana está escribiendo uno que se titula “¿Eres compatible con tu pareja en la cama? 10 claves para descubrirlo”. Está claro que si alguien tiene que hacer este cuestionario para saberlo la respuesta es NO, pero ella se lo pasa muy bien y de todas las publicaciones de la misma compañía es la que hace los cuestionarios más locos y divertidos. Alguna vez incluso los ha visto publicados en alguna revista hermana.
Solo falta un día para el cierre mensual así que está todo el mundo un poco nervioso, son los días de más trabajo, cuando la dirección dice que lo escrito es una mierda o que hay que escribir algo sobre “Sexo en los probadores de las tiendas. Mito o realidad” para completar el artículo sobre las rebajas. Marta se toma un descanso y baja a la cafetería que hay al otro lado de la calle para estar más tranquila, tienen una cafetería en el mismo edificio pero ahora mismo no le apetece hablar con nadie. Se sienta sola con su té rojo, ella misma escribió hace poco que el café es perjudicial para el contorno de ojos y se lo acabó creyendo, y un libro sobre Nueva Zelanda, su próximo destino de vacaciones si alguna vez las consigue. Cuando su imaginación ya ha volado hasta el otro lado del mundo, las risas de unas mujeres le vuelven a la realidad. Todas miran muy atentamente una revista, una lee lo que pone y las demás la interrumpen con comentarios, gritos y carcajadas. Su paz ya ha terminado, apura su bebida y sale de la cafetería no sin pasar cerca de la mesa para ver lo que tanto les interesa, en ese momento una dice: “El día que mi marido me sorprenda con una escapada romántica pensaré que mi matrimonio ha acabado. Esta gente no sabe de lo que escribe.” A lo que otra le responde: “Siempre puedes seguir los 7 pasos para ser la reina en la cama.” Marta ve con agrado que algunas personas no se toman muy en serio lo que escriben y vuelve al trabajo mientras las mujeres siguen haciendo su cuestionario del mes anterior. December 29 Fase REMUn ruido indescriptible me despertó y cortó de golpe el estupendo sueño que estaba teniendo con Andrés Velencoso. Me importaba una mierda lo que había sido, como si los alienígenas estaban invadiendo la tierra, me había despertado y ahora no iba a poder continuar con el sueño. Me di la vuelta e intenté retomar por donde lo habíamos dejado cerrando los ojos cuando volví a oir otro ruido. No sabía muy bien si el ruido procedía de mi casa o de la del vecino, en estas casas modernas puedes oir toda la vida de los que te rodean sin ninguna dificultad, no necesitas ni un vaso puesto contra la pared, cosa que no sé si funciona pero que parece ser efectivo en algunas películas. La tercera vez que se repitió me dí cuenta de que había sido en el piso de arriba. No sabía quién vivía justo encima mío pero se había convertido en mi enemigo número uno en ese momento.
Ahora encima se oían voces, una masculina y otra femenina, bueno, la femenina más que una voz parecían unos gemidos. Estupendo, no podía dormir gracias a la vida sexual de mis vecinos, ya eran dos motivos para odiarles. Me tapé la cabeza con la almohada e intenté no seguir escuchando, algo que no podía evitar aunque me dé vergüenza admitirlo. Cogí los auriculares y me puse a escuchar la radio, después de un poco de zapping radiofónico, encontré un programa que no estaba mal del todo y así estuve hasta que oí las señales horarias de las 7 de la mañana, apagué la radio, encendí la luz y me levanté. Mientras preparaba el desayuno iba haciendo una lista mental de cosas que tenía que comprar: pastillas para dormir, naranjas, tapones para los oídos; no podía dejar que me pasara lo mismo otra noche o acabaría subiendo y montando un numerito, no quería ser esa vecina. Cuando bajé a la calle para ir a trabajar me paré un momento en el portero automático y llamé a mis vecinos para despertarlos, no se puede tener todo.
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