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Ametsen lurraldea

February 07

Voto por correo

Venía en el correo del lunes, una carta certificada de unos grandes estudios pidiendo el voto para diferentes categorías en las que películas producidas por ellos estaban nominadas al gran premio. La carta era políticamente correcta pero si se leía entre líneas se podía ver que si algún día necesitabas la ayuda del estudio para sacar adelante cualquier proyecto más te valía votar por ellos.

 

Naturalmente no hacía falta que se hubieran visto las películas simplemente hacer una cruz al lado del nombre elegido, meter la papeleta gigante en un sobre y enviarla por correo. Este año precisamente había visto algunas películas brillantes que naturalmente no aparecían en esa lista ni en ninguna de las que había llegado porque no tenían un grupo poderoso detrás apoyándolas. Esto era un negocio, puro y duro, gobernado por personas a los que el cine les importaba un bledo.

 

Cogió la lista y empezó a leer, mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actriz, mejor actor secundario, mejor actriz secundaria. ¿Mejor actriz secundaria? ¿Era esto una broma? Bueno, no es una sorpresa del todo porque ya estuvo nominada hace unos años como mejor actriz principal. Está claro que quien no tiene padrino no se bautiza. Arrugó el papel en su puño y lo tiró a la papelera, todavía le quedaba un poco de dignidad.

November 29

Salida de emergencia

Se acabaron los aeropuertos, me acaban de traer a casa el nuevo teletransportador HKR-37, la versión doméstica del SDR , más económica y se puede guardar en cualquier sitio. Ya no tendré que pagar un extra por el equipaje, algo habitual que todos llevamos si vuelas o igual es que se piensan que vamos a ir con las manos en los bolsillos, también nos pueden cobrar un extra por ir sentados en un asiento minúsculo donde no puedes estirar las piernas porque tienes el de enfrente pegado a tus narices o un extra por el bocadillo que llevas, si es de chorizo pagas menos que si es de tortilla, reglas de la compañía.

 

Aunque dinero no me voy a ahorrar mucho, por el momento estaré unos años recuperándome de esta compra, lo que sí voy a ahorrar es tiempo. Con el transportador no tengo que estar hora y media antes, hacer colas para facturar, para embarcar, para usar el baño, para comprar una revista, etc. Simplemente, cuando me apetezca, cogeré mi equipaje, como si quiero llevar 100 kilos, entraré en el invento y en unos segundos ya estaré en mi destino. El problema por ahora es que necesitas otro teletransportador en destino y de momento no todo el mundo tiene uno aunque dentro de unos años podrás ir a cualquier destino del mundo.

 

Ya no me sentiré como si estuviera entrando en Guantánamo, enseñando mi documentación, diciendo que no llevo explosivos en la maleta, pasando por un detector de metales mientras rezo para que no pite, dejando mis otras pertenencias para que las vean por otro dispositivo, viendo como mi bolsa va por otro camino y una persona se dispone a abrirla, sacar todo su contenido mientras me pregunta que es esto y aquello, llevarse la cámara para analizarla en profundidad y luego dejarte con todo eso desparramado para que tú lo metas de nuevo a la bolsa y encaminarte al siguiente puesto donde te tienes que quitar los zapatos y ponerlos en otra cinta. El siguiente paso me lo acabo de ahorrar, ya no veré como uno de los empleados se pone un guante de látex mientras te dice con su voz cansina: “Bájese los pantalones y reclínese aquí”. Sí, señor, ya no me sentiré como un criminal, la presunción de inocencia no existe en los aeropuertos, eres un criminal hasta que no se demuestre lo contrario y nosotros podemos hacer lo que queramos contigo y no podrás protestar o será peor para ti porque pasarás por más penurias además de perder el avión.

 

Gracias a dios todo eso ha cambiado para mí y ahora me puedo ir todos los fines de semana al destino que quiera ya que no tardo nada en ir y volver. De hecho ahora me voy a las islas Maldivas, he pasado mucho frío esta semana y necesito que los rayos del sol calienten mi sangre. Ya les contaré como funciona el HKR-37, espero no perderme en la unión espacio tiempo. Hasta pronto y sean felices.

 

 

June 27

El momento

Esta tarde por un momento he sido feliz. Después del esfuerzo de la subida llegaba la recompensa de la bajada. Parece ser que para poder disfrutar hay que sufrir, aunque sea un sufrimiento buscado que hace más agradable la recompensa. Iba agarrando el manillar firmemente pero sin tocar los frenos, dejando a un lado los miedos y las excesivas precauciones y dejándome llevar sin ver muy bien el camino debido a la velocidad y a las sombras producidas por la vegetación. Pasando por los charcos llenos de barro producido por las constantes lluvias, por los desniveles en el camino que hacían que me pusiera de pie en la bicicleta. Ha sido precisamente el conjunto de vegetación, velocidad, ausencia de gente que me obligara a frenar, temperatura perfecta y That’s Life cantada por Frank Sinatra lo que ha hecho que ese momento fuera mágico. Esta tarde por un momento he sido feliz y eso es lo que cuenta.

April 12

La sala perdida del museo

Aquí estoy, como todos los fines de semana, trabajando en el museo y como todos los días, más sola que la una. El museo es uno de los más importantes de la ciudad, por lo menos de los más populares, la entrada gratuita ayuda mucho, y siempre está lleno de gente. Cientos de personas lo visitan cada día, eso es lo que dicen y lo tengo que creer porque por mi sala no pasa nadie. Hace unas semanas ví asomar la cabeza a un señor oriental que se acercó a mí sigilosamente y en voz baja me preguntó por el baño. Yo pensaba que ya que había llegado hasta allí se quedaría un momento admirando las piezas encontradas en una excavación cerca de la ciudad, pero no, la naturaleza es la naturaleza y se marchó a paso ligero.

 

Mis compañeros de las salas más visitadas me miran por encima del hombro en el vestuario, aunque para disimularlo me dicen que soy afortunada por poder estar tan tranquila y no persiguiendo a niños que se sientan sobre las efigies egipcias. Yo les sonrío, asiento con la cabeza e intento salir hacia mi sala lo más rápido posible. Ayer pasaba por el mostrador de información cuando me enseñaron los nuevos planos del museo. Después de echarle un vistazo les dije que mi sala no estaba en el plano. Ellos me dijeron que eso no era posible y entonces juntamos todas las cabezas sobre el papel en busca de la sala perdida, incluso una cogió una lupa que lleva siempre en el bolso para no perder detalle. Después de unos minutos recorriéndolo con nuestros índices, llegamos a la conclusión de que mi sala era la 50a, con un tamaño más pequeño del que le correspondía según la escala utilizada, incluso el símbolo de los extintores era más grande.

 

Eso me dejó un poco triste así que decidí estudiar por mi cuenta lo que tenía en mi sala, he cogido unos libros de la biblioteca y me estoy informando de lo que realmente es lo que cuido. Lo bueno de estar en esta sala es que a mí también me dejan bastante de lado y puedo leer tranquilamente. Ya os contaré la próxima vez lo que he descubierto para que vengaís a verme, bueno, a mí no, a la sala.  

March 01

Siete minutos

Es la última vez que le hago caso a mi amiga Celia y vengo a una cosa de estas, me dijo que sería divertido pero yo no le veo la gracia por ningún lado. Ya he estado con cuatro hombres cada cual más raro; está el que solo habla de él y no te deja meter baza, en sus dos variantes, el que solo cuenta desgracias y el que presume de cosas tan tontas como de tener un coche de gran cilindrada, seguramente pensaría que el solo hecho de oírlo haría que cayera rendida a sus pies y para desgracias ya tengo las mías, no necesito más, gracias. Aunque no sé si ha sido peor cuando me ha tocado el que no dice nada y te mira fijamente con cara de loco, vas hablando de trivialidades mientras piensas que si lo ves por la calle saldrás corriendo y no quieres ni imaginarte en lo que estará pensando él.

 

En teoría son siete minutos para cada uno antes de que toque una sirena y cambiemos de pareja pero creo que algunos minutos tienen más de sesenta segundos, a mí no me engañan. Mi amiga Celia parece encantada y cada vez que le he hecho señas para decirle que me iba me ha dicho que me quedara, que no fuera tan sosa. Parece que se acerca otro, esta vez por lo menos es físicamente agradable y tiene una bonita sonrisa.

 

-Hola

-Hola

-¿Quieres tomar algo?

Mira, el primero que se preocupa por mí, es un buen primer paso. -Sí, un Kas de naranja sin hielo, por favor. Y se va él mismo a la barra a pedirlo mientras en la silla de enfrente se sienta un nuevo tipo, le digo que ya está ocupada, que estoy con otro señalando al chico tan amable que ha ido a por mi bebida. Él me mira con cara rara y me dice que es el camarero. Me giro para comprobarlo y efectivamente lo veo al otro lado de la barra trabajando. Por unos segundos no sé muy bien que hacer pero al mirar a la cara de enfrente decido que el experimento ha acabado para mí y que voy a hacer las cosas a la manera tradicional.